martes, 3 de julio de 2012

LA META DEL CRISTIANO Serie Puerta, Camino y Meta






El Propósito Eterno de Dios
El propósito eterno de Dios es tener una gran familia de muchos hijos semejantes a Jesucristo. El hombre fue creado para conocer y servir a Dios como Padre, deleitándose en su amor, pero su rebelión le desvió. La muerte y resurrección de Jesús le provee el camino de redención y restauración al propósito divino original. Por lo tanto, el discípulo encuentra en Cristo tanto la salvación como el modelo para seguir en su conducta y dedicación, a fin de que su vida sea para la gloria de Dios. Él nos proveyó de todos los medios necesarios para lograr este propósito en virtud de nuestra unión con Cristo.
Hemos Indicado al principio de esta serie que las lecciones están divididas en tres rubros principales: LA PUERTA, LA META y EL CAMINO. Esto obedece al hecho de que la vida del cristiano es un CAMINO, y todo camino tiene una iniciación (la PUERTA) y un fin o destino (la META). Habiendo considerado la PUERTA en las lecciones anteriores, proseguiremos con el estudio de la META.

LA META DEL DISCÍPULO CRISTIANO

Un discípulo de Cristo es aquel que, habiendo conocido a Jesucristo como Señor de su vida, se ha bautizado y ha recibido el don del Espíritu Santo, comenzando así una nueva vida, un nuevo camino. Al emprender un camino es fundamental saber su destino o meta.
Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús… Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:12—14
De este pasaje testimonial del apóstol Pablo aprendemos tres cosas muy importantes:
1) Hay una meta para el discípulo de Cristo. Dios tiene un propósito para nuestras vidas. Él nos creó, nos llamó y nos salvó con un propósito bien definido.
2) Debemos conocer el propósito de Dios para nuestras vidas y hacer de él nuestra meta. Muchos cristianos viven desorientados durante años por no conocer con claridad el propósito divino; no tienen una meta, o creen equivocadamente que lameta de la vida cristiana es llegar al cielo. Debemos entregamos de todo corazón a alcanzar la meta. Pablo escribió: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta.” Llegar a la meta era la gran pasión de Pablo; también debe ser la nuestra.
3) El tener una meta afecta e involucra todos los aspectos de la vida del discípulo: la familia, el trabajo, el estudio, el dinero y los bienes, el tiempo, las decisiones, etc. Todo se concierta hacia la gran intención de la vida, que es llegar a la meta.

DIOS TIENE UN PROPÓSITO ETERNO PARA NOSOTROS

Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En Él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. Efesios 1:4—12
Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Romanos 8:29
Estos textos nos enseñan las siguientes verdades:
1) Dios es un ser personal; tiene afecto (Efesios 1:5), voluntad (v. 5,9, 11), intelecto (y.11).
2) Dios tuvo en mente un diseño previo. Así como un arquitecto, antes de edificar hace un proyecto con todos los detalles de lo que se propone construir, del mismo modo Dios, antes de la creación del universo, en su amor y soberana voluntad se propuso tener una familia de muchos hijos semejantes a su Hijo.
3) Este es un proyecto nacido del amor de Dios en el ejercicio de su soberana voluntad (v. 5: “en amor;” v. 6: “según el puro afecto de su voluntad;” v. 9: “según su beneplácito;” v. 11: “según el designio de su voluntad”). Dios en su infinito amor quiso crearnos con el propósito predeterminado de incluirnos en Cristo, y en Él hacernos sus hijos y participantes plenos de todas sus riquezas eternas.
4) Fuimos predestinados para ser hijos de Dios (v. 5). Predestinar significa determinar un destino de antemano. Dios se propuso en sí mismo ser Padre de muchos hijos. Nosotros somos hijos deseados y escogidos, amados y predestinados por Dios.
5) Fuimos predestinados para ser como Jesucristo. El propósito de Dios es que seamos “santos y sin mancha” (y. 4) como Jesucristo. En Romanos 8:29 vemos claramente que nos “predestinó para ser conformes a la Imagen de su Hijo.” Esta es la voluntad y el propósito de Dios para con cada uno de sus hijos: que seamos como Jesús en toda nuestra manera de ser, de pensar, de sentir y de vivir.
6) Fuimos predestinados para formar una sola familia con todos los hijos de Dios, nuestros hermanos. Un aspecto fundamental del propósito eterno de Dios es la unidad de todos sus hijos: “el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo” (Efesios 1:9, 10); “para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29). Dios quiere tener una familia, quiere que sus hijos se amen entre sí, y que sean unidos para que Él sea honrado.
7) El fin supremo del hombre (y de todas las cosas) es la gloria de Dios: “habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria” (Efesios 1:11, 12). Nuestro objetivo supremo es la gloria de Dios. Fuimos creados para la alabanza de su gloria, para que, conociéndole como Padre, y sabiendo de la grandeza de su amor, nosotros también le amáramos y viviéramos para glorificarle. Dios es glorificado en la medida en que su eterno propósito se va realizando en nosotros.

En resumen:

El propósito eterno de Dios es tener una familia de muchos hijos semejantes a Jesucristo.

EL DESARROLLO DEL PROPÓSITO DE DIOS

Consideremos algunos de los elementos principales en el desarrollo del propósito de Dios:
1) El proyecto de Dios. Ya hemos visto que antes de la creación del mundo Dios tenía un proyecto, conforme al cual hizo todas las cosas.
2) La creación. La intención de Dios en la creación fue la realización de su propósito eterno. Dios creó al hombre y a la mujer a su Imagen y semejanza para que ellos, multiplicándose, conformaran la gran familia eterna de los hijos de Dios a semejanza de Cristo. Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra Imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su Imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Génesis 1:26, 27
3) El pecado. Es una desviación del propósito eterno (véase Génesis Cap. 3). Satanás, queriendo frustrar el propósito de Dios, incitó al hombre a la rebelión. El hombre pecó, perdió la comunión con Dios, fue expulsado de su presencia, perdió su condición de hijo de Dios y la razón de su existencia. Como resultado, se deterioró en él la imagen del Creador.
4) La redención. La redención no es el fin del propósito de Dios, sino el gran MEDIO provisto por su gracia, para que su propósito se cumpliese en nosotros. La muerte y resurrección de Cristo no tienen como objetivo meramente salvarnos del infierno, sino volver a hacernos hijos de Dios, restaurar en nosotros la Imagen de Dios, y lograr que sus hijos conformen una sola familia.
5) El objetivo final de Dios. No es ser Creador, ni tampoco Salvador, sino Padre de una familia de muchos hijos semejantes a Jesús. Por lo tanto, concluimos que Dios nos creó, nos llamó y nos salvó con el mismo propósito o fin, que se puede definir en los siguientes términos:
Dios: que sea Padre de una familia de muchos hijos.
Jesucristo: que sea el primogénito entre muchos hermanos.
Nosotros: que seamos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo, conformados a su semejanza y uno con todos nuestros hermanos.

LOS GRANDES OBJETIVOS DE DIOS

En síntesis, podemos definir en los siguientes términos lo que Dios se ha propuesto lograr entre los seres humanos:

1) Dios quiere ser Padre de muchos hijos Quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen a ser sus hijos (1º Timoteo 2:4). Cristo murió por todos los hombres (1º Juan 2:2). Él ordenó predicar el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15), y llama a todos al arrepentimiento pues no quiere que nadie se pierda (Hechos 17:30; 2º Pedro 3:9).

2) Dios quiere que sus hijos formen una sola familia (Efesios 2:19; 3:14, 15). Dios quiere que todos sus hijos sean uno. La Iglesia de Dios es una sola. Jesús rogó al Padre para que todos los que creyesen en Él fuesen uno (Juan 17:20—23). Al nacer de nuevo, nacemos de Dios y somos hechos hijos de Dios y miembros de la única Iglesia del Señor. Todo hijo de Dios es nuestro hermano. El mandamiento principal del Señor es que nos amemos unos a otros (Juan 13:34, 35). Al principio, la Iglesia vivía en unidad. El Señor quiere restaurar esa unidad de su iglesia, pues su propósito es que todos sus hijos formemos una sola familia.

3) Dios quiere que sus hijos sean iguales a Jesús (Romanos 8:29; 2º Corintios 3:18). La meta de nuestra vida es llegar a ser como Jesús. No basta con ser hijos de Dios; su voluntad y designio es que crezcamos hasta llegar a la estatura de Cristo. La meta de todo discípulo es llegar a ser como su maestro. Esto significa que: Dios quiere que vivamos como Jesús vivió (1º Juan 2:6; 1º Pedro 2:21). Debemos amar como Jesús, perdonar como Él, servir, agradar al Padre, sufrir las injusticias, orar, obedecer, etc., como Jesús. Dios quiere restaurar en nosotros su misma imagen.
—En nuestra responsabilidad moral: debemos actuar con dominio propio, ajustando todos los aspectos de nuestra vida a la voluntad de Dios, en verdad, justicia y santidad. Como Dios, todos somos responsables por nuestros hechos, palabras y pensamientos (Colosenses 3:10; Efesios 4:24).
—En nuestra naturaleza espiritual debemos desarrollar la comunión con Dios, a fin de conocerlo, amarlo y comprenderlo por medio de su revelación a nuestro espíritu (véase 1º Corintios 2:10—16; 6:17; Romanos 8:16; Job 32:8; Proverbios 20:27).
—En el ejercicio de autoridad: así como Dios gobierna sus asuntos y su creación con sabiduría y responsabilidad, nosotros también debemos gobernar las distintas áreas de nuestra responsabilidad con sabiduría, dedicación y diligencia (Génesis 1:26; Salmo 8:5, 6; Lucas 7:8; 9:1, 2).
Dios quiere formar en nosotros el carácter de Cristo. Quiere transformarnos por su Espíritu Santo, desarrollando en nosotros las virtudes de Cristo, hasta que seamos como Él: santo, manso, justo, amable, firme, misericordioso, servicial, humilde, sufrido, fiel, sumiso, compasivo, etc.
Dios quiere que, al igual que Jesús, nos ocupemos en evangelizar y edificar a los hombres, haciendo de esto la actividad principal de nuestra vida (Juan 20:21: Mateo 28:19, 20).
¿Cómo vive y actúa entre la gente aquel que tiene el Espíritu y la mente de Jesús? Vive y actúa como Jesús vivía y actuaba. Es decir:
—Ve a las personas que le rodean desorientadas y perdidas como ovejas sin pastor (Mateo 9:36).
—Tiene compasión de ellas y siente un vivo deseo de ayudarlas (Filipenses 2:5). —Pone pasión y sacrificio para salvar a los perdidos y enseñarles y cuidarlos (Colosenses 1:24). Participa así de los sufrimientos de Cristo.
—Al Igual que Jesús, hace el máximo sacrificio para que los que aún no son hijos de Dios lleguen a serlo. Para que podamos ser y actuar como Jesús, Dios mandó al Espíritu de su Hijo a nuestros corazones.

CONCLUSIÓN

De acuerdo con el propósito eterno de Dios, podemos afirmar que el discípulo de Cristo tiene tres claros objetivos en su vida:
Ser como Jesús;
Ser uno con todos sus hermanos;
Trabajar para que los que no son hijos de Dios lleguen a serlo.
Que todo esto sea para la alabanza de su gloria.

Para pensar y con versar:

1. ¿Cuál es el gran objetivo final de Dios?
2. ¿Cómo podemos colaborar con Dios en el cumplimiento de su propósito? ¿Qué significa el hecho de que fuimos predestinados para esto?
3. ¿Qué importancia tiene la redención en el desarrollo del propósito eterno de Dios?
4. Ya que Dios está formando una gran familia, ¿qué actitud debemos tener hacia nuestros hermano